viernes, 15 de noviembre de 2013

Cuando el discurso hace agua. Capítulo I: Tenemos que hablar

Tenemos que hablar.
...
Bueno, si no querés hablar, hablo yo.
No sé qué estamos haciendo con nuestras vidas.
Te escuché tantas veces decir que te digo todo esto porque no te quiero. O que te odio. O que te quiero dejar...y nunca me dejaste decirte nada...
Profesía autocumplida.
Yo sigo queriendo lo que siempre quise. Pero creo que vos no querés lo que yo quiero.
Ojo, no me malinterpretes, todos tenemos derecho a cambiar, es sólo que estaría bueno que me lo dijeras: “Quiero otra cosa”. No hay problema.
Pero evidentemente no perseguís los mismos sueños que yo, y tampoco me decís que soñás ahora.
No, no hay otro. Bueno, sí. Pero es tan inútil culparlo, como decir que fueron estos dos últimos meses. Vos y yo sabemos que no fueron estos dos meses. Tampoco él.
Hubo otro. No sé si hay. Pero esa noche te sentí más lejos de mí que nunca y esa mañana me sentí más viva que en mucho tiempo, y no fue por vos. Sentí que hay quienes todavía sueñan mis sueños. Y fui feliz. Y fue con la misma convicción con que, dos meses antes, estaba con vos.
Y vos lo notaste, pero no podía decirte por qué estaba tan feliz mientras vos llorabas.
Pero entonces él me pidió que saltara el cerco y me fuera con él...y yo casi...Entendí entonces que, al menos, vos y yo necesitábamos un tiempo. Al menos yo, que no sabía qué estaba haciendo con mi vida.
También sé que hubo otras. Al principio no me importaba y cuando me lo marcaban, lo negaba. El problema no es ése. El problema es ¿qué querés?
Que era inexperta cuando nos conocimos es seguro, tampoco sabía qué estaba haciendo con mi vida, pero no era ingenua...creo. Quizá lo sigo siendo y ése es el problema.
Yo ya había estado con alguien que ignoraba mis deseos y mis sueños. Crecí en esa relación. Ya había vivido la vida de brillo y vacío, y ya había descubierto que no era eso lo que quería para mi vida.
Todo en vos me decía que eras perfecto, que eras lo que estaba buscando. Hubiera dado todo por vos, casi di mi vida y no me importaba. Dejé atrás esos sueños locos de libertad absoluta -cómo si existiera tal cosa- y aunque muchas veces esa libertad volvía a pedirme un espacio, no lo hice; porque nuestro amor era más fuerte.
Y todo fue en nombre del amor. Yo lo hacía todo en nombre del amor. ¿Y vos? Vos me recordabas siempre que tenía que seguir haciéndolo en nombre de ese amor.
Pero a veces, cuando no nos encontrábamos o cuando quise preguntarte por algunas cosas que me preocupaban o lastimaban, me ignorabas...o me respondías mal. Y yo sabía que había algo raro, pero el amor...
Tanto era ese amor, que aún hoy cuando digo que dudo de él nadie me cree. Cuando dedico un tema, una palabra linda, cuando me alegro por algo, siguen creyendo que es por nosotros.
Y cuando estoy mal...creen que estamos mal. No pueden ver –nunca- que siento culpa por la cantidad de veces que justifiqué lo injustificable por nosotros. Por vos.
Porque si éste amor se muere, no es sólo tu culpa. Yo también miré para otro lado, yo también lo dejé morirse.
Y el amor se muere, pero la relación subsiste. ¿Qué hago? ¿Me voy, me quedo, te digo que te vayas? ¿Puedo convencerte de que ames lo que yo amo? Me estoy volviendo loca, una acróbata, para sentir una cosa y hacer otra...

Por eso necesito que hablemos, necesito decirte lo que siento: Sigo sin saber qué estoy haciendo con mi vida...lo único que es seguro, ahora, es que sigo a mi corazón. Y eso ya es mucho. O todo.

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